Exposiciones 2013


DIC

EL TEATRO EN LA CLASE RETÓRICA

A pesar de la escasa relevancia atribuida al teatro en el código pedagógico jesuítico de Antiguo Régimen -la Ratio Studiorum-, fue justamente éste el que institucionalizó una práctica que ya se había difundido ampliamente en muchos colegios europeos, esto es, la preparación de una representación teatral en la entrega de premios a los mejores alumnos al finalizar el curso escolar.

La integración de la práctica teatral en la clase de retórica ponía al centro l´actio rhetorica, es decir, la parte del arte de la retórica referente a la preparación de la voz, el gesto y la postura del cuerpo. Para alcanzar el objetivo de la formación del “orador perfecto” no era suficiente combinar y reiterar los ejercicios escolares, sino que era necesario añadir una “experiencia” artística completa que participaba en el proceso pedagógico, no como una simple ayuda didáctica, sino como un procedimiento integrado al conjunto del proceso de formación.

Las siguientes imágenes corresponden a la representación teatral “La escuela de la escena y la escena de la escuela jesuita en el siglo XVII” que se llevó a cabo el pasado 25 de octubre.

teatro jesuita 1            teatro jesuita 3             teatrop jesuita 2               teatro jesuita 4

 

 

 


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Tal como lo hemos venido anunciando, el día 29 de octubre se inaugurará la exposición “De los colegios a las universidades. Un día en la vida de un estudiante del siglo XVIII en un colegio jesuita.”


AGOSTO

SOBRE AUSJAL

Como parte de la recopilación de contenidos vinculados con la exposición De los Colegios a las Universidades: Los Jesuitas en el Ámbito de la Educación Superior, comenzamos a proporcionar información que cuenta los orígenes y el desarrollo de la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina.

La Ausjal es una red de treinta universidades jesuitas distribuidas en catorce países de América Latina. Uno de sus principales propósitos es establecer alianzas entre las instituciones de la región confiadas a la Compañía de Jesús, con el fin de desarrollar proyectos en conjunto. Sus orígenes se remontan a noviembre de 1985. En Roma, con la aprobación del padre Peter Hans Kolvenbach S. J., en esa fecha superior general de la Compañía, se constituyó oficialmente en presencia de los rectores de las universidades en cuestión.

La Ausjal es un organismo internacional que fijó sus primeros estatutos en 1987; en 1990, 1997 y 2003 se convocaron diversas sesiones para elaborar reformas a los mismos. La dirigencia de la asociación le corresponde a un presidente y a una secretaría ejecutiva. Desde 2009 a la fecha, el padre José Morales Orozco S. J., rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, se ha desempeñado como presidente.

Los documentos que constantemente se producen desde la Ausjal se singularizan por estar comprometidos con los desafíos sociales de América Latina. De esta manera, la propuesta educativa de las diversas universidades que forman parte de la asociación están conectadas por características en común en sus idearios. La Ausjal ha establecido que tanto su Misión como su Visión siempre deberán estar de acuerdo con el contexto de las sociedades latinoamericanas.

Al ser una red de redes, la Ausjal promueve el trabajo y la participación entre homólogos de las diferentes universidades. Desde sus orígenes a la actualidad, múltiples proyectos se han echado a andar desde este formato interuniversitario.

En 1999 se estableció el Enlace Ausjal en cada universidad. Se trata de un puesto que hace las veces de interlocutor frente a la presidencia y la secretaría ejecutiva de la asociación, así como con las demás universidades que la constituyen. En cada universidad, el nombramiento le corresponde al rector.

En el año 2000, la Ausjal creó el Centro Magis, que se dedica a fomentar proyectos socioeducativos que realizan vinculaciones entre las universidades y la Compañía de Jesús en Latinoamérica. De hecho, la última modificación de estatutos que se llevó a cabo en 2003, fijó el propósito de la Ausjal de promover colaboraciones en coparticipación con la conferencia de los provinciales jesuitas de América Latina.

Por último, en 2011 se estableció un nuevo plan estratégico para la asociación, que estará vigente hasta 2017.

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Fotos_Fechas

Durante el siglo XIX continuaba una intensa comunicación entre los miembros de la Compañía de Jesús, sin embargo, es interesante observar las repercusiones de los entonces nuevos medios comunicativos para este propósito. Tal es el caso de las postales, en las que aparecen los propios colegios jesuitas como tema de divulgación.

A continuación presentamos algunos ejemplos.

Se ha transcrito el texto manuscrito de ambas, mostrándose la función cotidiana de este tipo de comunicados que ya el correo postal hacía llegar a su destino.

TEXTO DE LA POSTAL 1: CCPA 1409 – LIÉGE

Liége Sept. 12/1913

Mi querido Chopi,

Sentí en el alma no verlo aquí! Haber dejado de venir por cuestión de dinero! Vaya una tontería! Solo costaba la entrada dos francos! Pero ya está hecho. Siento de veras no verlo antes de irme á encerrar. Probablemente saldré de aquí mañana sabado 13 en el nocturno para llegar á Londres el 14 temprano; si no ha mandado lo que tiene mío le ruego lo mande luego á Tullamore, Kings Co. St. Stanislaus College, Ireland. Me urge. Pida mucho por mí, ya le llevará más recados Soler. Adiós Chopi y un cariñoso abrazo. Suyo en Dios, Arnulfo

Pida á Dios que me haga yo sobrenatural. Sin eso no haré nada!

Fernando Ambía

Maison St. Augustin

Enghien

Belgium

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TEXTO DE LA POSTAL 2: CCPA 1434 – LOUVAIN-HÔTEL DE VILLE

Estimado Padre:

Tenga ud. la bondad de indicarme un día que tenga ud. la tarde libre, para ir á darle la lata de mi presencia.

Recuerdos á los R.R.P.P. Waldner y Cordero.

Mi dirección

85, R. De la Station

LOUVAIN

Sabe ud. lo que lo aprecia

C. Palomar

R.P. Joaquín cardose, SJ

3, R. des Grands Augustins

ENGHIEN

Belgique

TEXTO DE LA POSTAL 2: CCPA 1370 – LOUVAIN-HÔTEL DE VILLE

postal 2


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“Antes incluso de que Pío VII restablezca oficialmente la Compañía de Jesús, en 1814, es fácil encontrar infinidad de manifestaciones americanas favorables a su retorno. Pese a ello, tardará años en ser posible, quedando, además, toda Iberoamérica, a excepción de México, unida a la Provincia de España. Concentrada la Compañía renacida en Europa, sólo cuando las tensiones provocadas por la revolución liberal y las expulsiones a ellas asociadas liberen sujetos, será posible responder a las demandas americanas.

Por razones explícitamente pastorales se priorizó, desde el principio, la actividad educativa […] Roothann y los sucesivos generales del siglo XIX afirman que es lo que más necesitan unas sociedades cuyas élites están abandonando la fe, y lo que más preocupa a los rivales de la Compañía. La situación de conflicto se refleja en múltiples actitudes y la persistente y sistemática hostilidad que, en muchos países, se levanta contra la Compañía gira siempre en torno a la cuestión educativa”.*

En el siglo XIX se refundaron antiguos colegios o surgieron nuevas instituciones en todos los lugares donde se restauró la Compañía de Jesús.

*Texto extraído del manuscrito “Los colegios jesuitas en la América del siglo XIX. Tradición, continuidad y rupturas” escrito por el doctor Javier Gómez Díez.



mayo

La Ratio Studiorum y la uniformidad en la enseñanza de los colegios de la Compañía de Jesús

Durante el curso de los siglos XVI, XVII y XVIII, la uniformidad reglamentaria de los colegios de la Compañía de Jesús se veía afectada por las costumbres de los diversos territorios en donde se fundaban, desarrollando aspectos específicos que respondían a las exigencias del entorno. Por ello se crearon manuales de Usos y costumbres pertinentes a las distintas provincias y colegios, para que ayudasen a regular lo específico de cada zona; ejemplo de lo anterior es el “costumbrero” de la provincia de Quito. A pesar de esto, todos los colegios contaban con los mismos principios administrativos y de enseñanza desde 1599.

La homogeneidad en la enseñanza y administración de los colegios se remonta al año de 1583, en el que el quinto general de la Compañía, Claudio Acquaviva, nombró una comisión de académicos como encargada para realizar un reglamento orgánico que regulase las actividades dentro de los colegios; para 1599 ya se había promulgado el texto reglamentario definitivo, que fue nombrado Ratio studiorum y establecía minuciosamente los parámetros tanto de organización como de instrucción dentro de los colegios.

En el ámbito organizacional, la Ratio studiorum establecía normas de comportamiento para los “encargados” (desde el provincial y el rector hasta el prefecto de la biblioteca) así como para los alumnos; recomendaba que a éstos se les organizase en grupos de diez y se eligiera a uno de sus miembros como vigilante de la disciplina del resto. En cuanto a lo “intelectual”, se entabló un sincretismo entre dos modelos educativos: el modus Parisiensis, que, entre otras cosas, decretaba la división en clases dependiendo de la edad y la preparación del alumnado, la asistencia frecuente a las clases y la unión de la teoría con la práctica, y por otro lado el modus Italicus, el cual daba especial énfasis a las materias humanísticas. Asimismo, se instauró el latín como lengua oficial de enseñanza en los colegios y sólo se permitía hablar la lengua local en los “quietes” (recreos).


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La Comunidad Escolar Jesuita

La comunidad docente en los colegios de la antigua Compañía (1534-1773) estaba dividida por cargos y funciones de acuerdo con la serie disposiciones contenidas en la Ratio Studiorum. La dirección del colegio recaía en dos personas: el Rector y el Prefecto de Estudios. El primero fungía a la manera de superior de todo el colegio y era su responsable; el segundo se encargaba de organizar y vigilar la vida académica.
Estos cargos, así como los de docentes, eran ejercidos por sacerdotes, aunque para las clases también se recurría a jóvenes jesuitas en periodo de formación; se les denominaba “maestrillos” y fueron distintivos de los colegios de la Orden.

Los trabajos manuales propios del colegio se encomendaban a los hermanos coadjutores que, aunque considerados jesuitas, no estaban ordenados. Estos hermanos llevaban a cabo desde labores administrativas hasta de mantenimiento. Entre sus labores estaban: atender la enfermería (infirmarius), ser porteros (janitor), cocineros (coqus), sacristanes (aeditor), compradores (emptor), roperos (custos vestimenti), despenseros (custos penarius et cellae vinariae), refitoleros –encargados del refectorio– (custos triclinii), entre otros, incluyendo manuductores o jefes de criados (praefectus famulorum).

Esta variedad de cargos y funciones nos habla de la complejidad de la vida interna de los colegios. Después de la restauración de la Orden en 1814, muchos de estos cargos permanecieron, aunque se establecieron las figuras de Prefecto de disciplina y de Padre espiritual, adaptándose a las condiciones sociales de la época.


Andrea Pozzo, SJ, destacado pintor del siglo XVII y que recopiló sus conocimientos de perspectiva en su libro Perspectiva pictorum and architectorum, fue hermano adjutor en el Colegio Romano en Roma.



La importancia de la astronomía en la Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús, fundada en 1540, muy pronto incorporó materias científicas en sus instituciones de enseñanza. Lo hizo con la doble finalidad de investigación y apoyo a la labor evangélica. Ejemplo de esto es la participación de Christopher Clavius en la reforma del calendario orquestada por el papa Gregorio XIII.

Clavius, conocido como “el Euclides de su tiempo”, nació en Bamberg, Alemania, alrededor de 1538. Discípulo del matemático Pedro Nunes en la Universidad de Coimbra, ingresó a la Compañía de Jesús en 1555 y fue maestro del Colegio Romano desde 1564. Astrónomo y matemático, Clavius no sólo destacó al formar parte de la Comisión del Calendario, sino que el mismo Galileo Galilei acudió a él como aval de sus observaciones telescópicas. Además, extendió el estudio de las matemáticas y la astronomía en los colegios jesuitas de toda Europa.


Retrato de Christoph Clavius



Cuando se habla de “colegios” en el contexto iberoamericano virreinal, el término puede llevar a confusión, ya que se usaba indistintamente para designar diferentes clases de instituciones.

En las ordenanzas del padre Diego Laínez, segundo general de la Compañía de Jesús, se mencionan cuatro géneros de colegios:

El primero, llamado colegio inferior, “reducido á las clases de latín”, constaba de tres maestros para esta materia, un sustituto y tres sacerdotes, uno de los cuales fungiría como rector, mientras que los otros serían operarios para confesar y predicar. Se incluiría a siete estudiantes de la Compañía, un ministro y cinco hermanos coadjutores. A este número de veinte integrantes hay que sumar un criado seglar, llamado “correcto”, para castigar a los niños.

En cuanto al segundo género: “el colegio debía contener treinta de los Nuestros [jesuitas], y en ellos debía enseñarse, además del latín, las humanidades, la retórica y los casos de moral”.

El tercer género difiere del anterior en que, además de las materias mencionadas, incorporó la enseñanza de la filosofía, con una asignación de cincuenta jesuitas.

Dentro del cuarto género, que en ocasiones también se denomina “universidad”, “se habían de enseñar todas las ciencias necesarias para la carrera eclesiástica, y los Nuestros debían ser, por lo menos, setenta”.

Las universidades en el mundo hispánico respondían en términos generales al modelo establecido por la Universidad de Salamanca y contaban con aprobación del papa y del rey, y esto llevaba a diferir en forma y orden entre cada una. Existían las llamadas “universidades públicas”, con plenos derechos para otorgar títulos (unas seis en el mundo iberoamericano). Todas las demás se denominaban “menores” o “particulares”, al tener un sentido restringido. Estaban asociadas a un colegio o convento de alguna orden religiosa y su aprobación estaba condicionada a que no se fundara una universidad pública a menos de 200 millas de distancia.

Es posible contabilizar doce universidades jesuitas de este tipo: Santa Fe de Bogotá, Charcas —también conocida como Chuquisaca— (Bolivia), Cusco (Perú), Mérida (México), Panamá, Concepción (Chile), Buenos Aires, y Córdoba (Argentina), Quito y Popayán (Colombia), Guatemala, Santiago de Chile (estas dos últimas perdieron su aprobación al fundarse universidades públicas en su cercanía).


Antiguo Colegio de Francisco Xavier de Chuquisaca

Los colegios fueron los más abundantes dentro de las construcciones jesuitas. Entre ellos habría que distinguir entre los colegios “máximos” y los dedicados a la enseñanza de los seglares. Estos últimos podían ser convictorios, donde los alumnos cursaban sus estudios y vivían en el internado. La forma de los edificios variaba por su mayor o menor complejidad. Cuando se edificaba un colegio pequeño en una población de escasos vecinos, la construcción no difería mucho de la de una casa profesa o residencia. En el piso inferior del patio se habilitaban algunas aulas para las clases y se añadía una biblioteca.

Los colegios de mayores proporciones se erigían en ciudades importantes y se le dotaba de todos los elementos para la enseñanza. Primero se localizaban las áreas dedicadas a los profesores con sus aposentos, el comedor, la biblioteca, etcétera; todo ello en torno de un patio o claustro llamado principal o regular por estar sometido a la clausura canónica. El segundo patío estaba dedicado a los estudiantes y toma su nombre de este hecho. A su alrededor se ubicaban las aulas ordinarias, las extraordinarias, llamadas “generales” (donde se celebraban las disputas escolásticas y otros actos académicos), la biblioteca asignada a los estudiantes, el comedor, etcétera. El mismo patio era utilizado para representaciones, disputas y otros actos académicos y sociales. Los dos sectores, aunque independientes y a veces con entradas y porterías distintas, tenían como enlace la iglesia pública, que constituía el centro de la construcción, el corazón espiritual que daba sentido a todas las operaciones generales de los colegios. Un tercer sector, apartado de los anteriores, estaba formado por el jardín y la huerta, la cocina, la despensa, la bodega y la caballeriza. Algunas veces los colegios poseían una quinta o huerta de recreo en las afueras de la ciudad. El modelo de los colegios en Iberoamérica estuvo influido por la arquitectura de España.

Las Constituciones de la Compañía de Jesús, escritas por Ignacio de Loyola, si bien no se alude a la construcción de iglesias y edificios, si se imponen reglas e indicaciones con respecto al funcionamiento de unas y otros. En la Congregación General de los jesuitas de 1548, ante la multiplicación de sus colegios, se enfatizó: “Impóngase a los edificios de las casas y colegios el modo que nos es propio de manera que sean útiles, sanos, y fuertes para habitar y para ejercitar de nuestros ministerios, en los cuales, sin embargo, seamos conscientes de nuestra pobreza, por lo que no deberán ser suntuosos, ni curiosos”. La expresión “útiles, sanos, y fuertes” se refiere a promover una tipología funcional de los edificios, antes que un estilo artístico determinado.

Plano del Colegio Máximo de San Pablo en Lima, Perú, antes de 1624